martes, 13 de octubre de 2015

SOLEDAD

SOLEDAD
W.A.S.P. - Sleeping in the fire.
https://youtu.be/K96vIqAGWpw

—...viene lo peor—, le dice Soledad a Geraldo,  estirando la mano y tocando con esfuerzo la punta de los dedos de su hijo, que también estira el brazo desde la pequeña ventana ubicada en lo alto de la puerta de acero que los separa.  La posición es tan incómoda que apenas deja a Geraldo mirar  mientras asoma la extremidad.

Innumerables arterias diminutas se dilataban, pintando de carmesí, los ojos vidriosos y húmedos de Soledad, que lucha por detener el caudal de insoportables lágrimas.  No se permite una sola, siente que la cara le explota.

...


—Me lo he buscado, por favor no llores—, dice Geraldo.

El acufeno, interminable era cási ensordecedor,  pero lo distraia un poco del golpeteo de su frente con el filo de la ventanilla.  Apenas puede ver cómo su abogado  jala del brazo a Soledad, indicándole que la visita ha terminado.  Su alma descansa un poco.  Un "...sacame de aquí...", pasó por su cabeza mientras escupe un trozo de diente.  No fue capaz de contarle a su madre, que tres hombres lo tenían inmóvil en ese momento,  mientras, "El muñeca" lo embestia desde atrás, amenazando con hundirle su varilla metálica, afilada y oxidada entre las costillas si mencionaba algo:

—...éres mi puta nueva papito, no te me irás tan fácil— le decía con apestosa halitosis "El muñeca", en tono suave y al oído, manchando con sanguinolenta saliva el hombro de Geraldo.

...


Soledad siente el jalón del brazo y le es en extremo difícil apartar la mirada de la ventanilla de ésa puerta de acero, con la otra mano aún en el aire se aleja con el abogado, apretando tanto las mandíbulas que pudo escucharse el rechinar de los dientes.   Ya fuera,  saca del bolso un sobre amarillo y lo entrega al trajeado que lo recibe con pereza ofensiva:

-"... mhhh, es un adelanto,  el caso es complicado, Geraldo no apuñaló, pero estaba ahí, hay que convencer al juez, ¿me entiende?", le dice él a Soledad, sopesando el sobre.

Agobiada y hecha trozos,  andando de vuelta a casa, intenta pensar, darle solución a la merienda de sus otros cuatro hijos.   Apenas días antes, la mayor volvió a casa con bebé en brazos. 

En su ya azarosa marcha una parvada de palomas desvía su mirada hacia una capilla,  y se encamina.   Ya dentro, el frío aire le obliga a dar una profunda inspiración y despacio se dirige al retablo,  cae ahí de rodillas,  agradece el haber estado del otro lado de la puerta y haber evitado dar explicaciones a Geraldo.  

Quiere rezar y lleva sus manos al rostro y el intenso olor a sémen en sus palmas le enrojece los ojos de nuevo,

...necesitará más plata,

...y,

...ésa asquerosa sensación gelatinosa en la boca.  

...entonces vomita en el altar.





4 comentarios:

  1. gran relato, lleno de sentimientis y emociones, tremendo, hermano

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    1. Sin lugar a tregua. Gracias mi amigo por tu tiempo, nuevamente.

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  2. Una realidad tan dura como la piedra y tan fría como el acero, pero muy bien narrada. Tu relato llega adentro!!

    Un saludo.

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    1. Hola Julia, la humanidad se esfuerza a diario a no ser superada por la ficción. Bienvenida nuevamente y saludos.

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