viernes, 21 de octubre de 2016

CONSUELO

CONSUELO 

Gus Black - Paranoid
https://www.youtube.com/shared?ci=aE1Zz01S2eo

Consuelo siente con gran definición, en las manos, el ritmo acelerado de su corazón, al que con desesperante insistencia quiere oír.  Una dolorosa línea irregular de carne viva, sangrante y palpitante es el límite entre la punta con piel y las uñas arrancadas en tramos y a mordiscos de sus dedos, así ya no lastima su rostro, pero arde con el aire, con la sal del sudor de sus manos al frotarse.  



Cubre sus oídos, abre más los ojos enrojecidos y sentada en una silla se mece adelante y atrás, como cuando su abuela desde la mecedora le gritaba a su madre, desesperada y a punta de insultos, por el asqueroso vaso favorito a medio llenar de aguardiente.


Duele.  Duelen los dedos, duelen cabeza y oídos.  Duele el alma.  Le duele la razón y horrorizada deja a medio comer el plato de calabaza dulce con leche que ha ordenado en el restaurante, —Un postre me vendría bien—, pensó hace un rato al salir de consulta con su psiquiatra.  El platillo la observa con odio.  Los comensales la miran con cautela y espanto, susurran, —...¡Tanto loco suelto!,  ...es día de muertos,  ...¡mira la facha!—.





En pánico Consuelo pide su cuenta que llega de inmediato, lo descompuesto de su aspecto tiene al personal del lugar muy al pendiente, quieren que ella se vaya.  Un ataque de urticaria e intensa comezón hacen más escandalosa la escena.  Al fin sale y apresurada se encamina por su medicación.





Cabizbaja ya anda a pasos acelerados, intenta no mirar al rededor, no escuchar y frenéticamente rasca sus brazos y cuello.  Fracasa una y otra vez.  Como perforadora de concreto entran entonces las voces en su canal auditivo, susurran  un sin cesar de incoherencias.  Detiene el paso y obligada por su espantosa sensación se recarga en un árbol, se estremece y suplica.





—...no está, no están... , ...¡no porfavor!—.





Es real y mucho. No se contentan ya con sus oídos, de algunos meses a la fecha, imágenes horribles invaden sus ojos deformando su realidad, nada es lo que parece ser.





Las sesiones con el psiquiatra no le sirven, ni recostada en el diván experimenta cobijo y se imagina, sesión a sesión disecarse. Siente ella misma cortar su piel desde el púbis y hasta la parte más superior del cráneo. Y se abre en dos, escuchando sus costillas quebrarse, mientras jala con sus brazos desde el esternón partido y hacia afuera, dejandose mirar. Le muestra el corazón, el hígado, los sesos y siempre al final los intestinos saturados y como globos a punto de estallar.  Después con urgencia vuelve a meter todo dentro, para mal cerrar su tórax y piel y contemplar; el auto-altar de él, cargado de diplomas y fotos que saltan a los ojos frente al sillón de sacrificios donde los reducidos pacientes se inmolan.  Paga, regresa a casa y sobrevivie.





Consuelo repite en voz baja sus diagnósticos, en un constante rebobinar y reproducir, junto a muchas otras palabras complejas que tanto le menciona el galeno en esas sesiones rituales, donde insiste en decirle de manera elegante que está loca como cabra.





Se sabe sobrepasada, esta nueva realidad torcida la ha llevado a límites que no conocía y no puede más manejarse en este mundo a cada minuto más bizarro.  Mueve sus ojos rojos y secos a todas partes buscando algún sitio seguro.  Nada.  Decide volver a casa, debe hacerlo, prometió cenar con su hija y mostrarle su ofrenda. Sólo pensar en los rostros aterradores sin ojos que la seguirán en el camino le pone la piel de gallina.

...  ...   ...





Una lágrima de inmensa pesadez se escapa de la comisura del ojo a medio cerrar de Consuelo.  La siente, escurre a la velocidad que la gravedad le dicta, finalmente se aloja en su oreja. Y el horror se dispara.  Está en su cama, en su habitación y no sabe cómo llegó ahi, busca su móvil, no hay mensajes, ni llamadas desde hace mucho.   3:00am.




El rostro macabro del techo parece sonreír y eso la obliga a levantarse.   Se encamina al altar y la foto de su hija le sonríe también, haciendo que olvide por un momento las caras con muecas alrededor.   Charla con ella mientras toma la urna de cenizas.  Consuelo tiene sed y bebe de la urna, bebe hasta la saciedad, llena su tráquea  y pulmones, hasta tomar la mano de su hija en un largo paseo juntas por la eternidad.