miércoles, 5 de julio de 2017

LA PLUMA

LA PLUMA

Portishead - Scorn

–Vive para mí– me dijo ella el primer día, en que con perfecta caligrafía registraba su nombre y la negrisima tinta brillaba coqueteandole.  El punto de oro de esa pluma era el inicio de la divinidad, la misma eternidad es su cobijo, ni ésta escapa del delicioso embrujo de esa melena rubia y su brillante piel acanelada lamida por el sol.

La vida, mi vida, fluía normal hasta ése día de trabajo en que me endemonió los ojos.



–Sueña para mí– me dijo entre sus sábanas y tres botellas de vino.  Y como no hacerlo, si pudiera el mundo entero ver lo que yo veo, hundirse en mis sueños.  Esther ha elegido bien su nuevo recipiente, viviendo ya en muy poco tiempo con ella en imperceptible simbiosis y la gracia de su presencia calienta los sentidos de todos alrededor.  Es demonio encarnado. Aguarda con paciencia con los ojos electrizados, moja sus labios golosos que esperan alimento, suda feromonas nublando la mente de todos con imágenes de indecencia. Voraz súcubo insolente, me drena vida y tripas, me arranca mis secretos hasta la muerte.




–Assassin, masturbate para mí– me dijo esa madrugada de luna roja, la sangre me ennegrecia las manos y cara, en frenesí completo yo destazaba a ese infeliz malnacido que con su existencia me insultaba.  Cortando sus manos y pies, mi lengua ya saboreaba la gloriosa sangre. ¡Oh si!, mi doble vida hermosa, sacra, cobijada tanto tiempo entre la noche.  Y de sorpresa apareció, sublime, con ojos de negra violencia.  Fue un cruce de nocivas miradas, dos veces en nuestras pupilas el mal se reflejó, bebimos sangre y follamos en un perverso coito teñido de marrón y carmín, alterando mi ritual, mi albedrío, mi conciencia.

Y, ...esque, ¡Dios!,  ¡...si vieran a ésta maldita!, si vieran lo que yo veo. Pupilas dilatadas y un agresivo escalofrío que recorre en segundos a una piel que se humedece, precediendo a una intensa erección que da a ellos la sensación de romper las bragas. Ellas muerden discretamente sus labios y cruzan sus piernas o juntan sus rodillas, voltean a un lado cubriendo con las palmas los pómulos enrojecidos.



–Assassin, muere por mí– me ha dicho al oído hace un momento, y la cabeza me estalló sin control, la puerta de mi consultorio ha cruzado, rozando sutil mi bragueta con su cadera y el dorso de la mano.  Su desparpajo es mi desconcierto, eligió la última de mis citas y estoy solo y acorralado.  Tatuada la llevo en mis neuronas y aunque no la mire la veo, escucho a mis espaldas sus pasos y ...ese ir y venir de sus caderas, ...¡Dios mío, si vieran lo que veo!.  

Junto al sillón, como la mejor cortesana me espera, me arranca el control con su blusa sin sostén, desabotonada.  Sin piedad bombardea mis ojos con los pezones erguidos detrás de la tela, esa "V" celestial que a los hombres nos hace olvidar el mundo entero.



Finge buscar algo en el bolso y su fina pluma de punto de oro cae a mis pies.  Da un sutil mordisco a su labio inferior que termina por bajar mi guardia y sin dejar de mirarme se acerca quedando de rodillas.  Me evidencia lo viejo de su alma, armada de labios y manos me despega de la realidad.  Entonces una punzada en el muslo me derrumba, me ha perforado la arteria femoral con la pluma. Su cacería termina ahora con mi suculenta alma torcida.

No sé si es bendición o castigo, la sangre escurre entre sus dedos, con una mano presiona su cuello, he logrado cortarle con su pluma la carótida, con su otra mano no deja de estimularme, pero no para de beber mi sangre.

De rodillas acaricio su pelo.  Moriré o moriremos, me ama o no, no me importa, es mi súcubo, es mi sacramento.  

¡Dios!...
...si vieran lo que veo, o sintieran lo que siento.


1 comentario:

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