sábado, 15 de julio de 2017

BESTIA

BESTIA

OSI - Blood

Un intenso velo oscuro enturbiaba su visión.  Notaba como crecía y se expandía hacia límites insospechados. Ese picor…  Lo corroía por dentro e intentaba salir, por todo su cuerpo, por cada poro de su ser.  No podía recorrer una línea de pensamiento clara, no se centraba en nada…..o casi.  Una rabia inmemorial, ese era su único propósito y motivo de supervivencia, no había otro hilo cerebral al que agarrarse.  En un último instante olvidó como llegó allí; cómo se encadenó al árbol intentando limitar lo que vendría después.  El miedo le atenazaba por momentos, cuando la ira dejaba hueco a los últimos restos humanos que le quedaban.

La expansión de sus sentidos no hacía más que perturbarle todavía más.  Podía escuchar como croaban las ranas del estanque, como ululaban los búhos en los helechos.  Su tacto se quintuplicó haciéndose incomprensible para la mente humana; pues ¿se puede entender que haya alguna especie conocida, que alcance un nivel máximo de interacción y comprensión solo tocando algo vivo o inanimado?.  ¿Es posible que sintiera el paso de los años por ese tronco al que estaba atado?.  Le quedaba el miedo, único enlace con su antiguo ser, y se escapaba poco a poco transformándose en la más pura e irracional rabia que existía.

–¡No! ¡Aguanta un poco más!– 

La retahíla de su consciencia no consiguió nada, solo acrecentar y estrechar el tiempo que quedaba para su explosión final. Ya era tarde.  Qué, cómo y porqué estaba allí eran sentimientos que no recordaba en absoluto.  Es más, no le interesaban lo más mínimo.  La bestia se liberó cortando de raíz el tronco de aquel roble milenario, desatando todo su poder.  Un ser increíble, salido de las más retorcidas pesadillas de cualquiera.  Algo descomunal, grande, inmenso y terrorífico.  Desorientada y perdida, la bestia alzó la enorme cabeza y aulló al disco lunar.  Aterradora resonancia, como si aquel ser estuviese pidiéndole explicaciones a alguien sobre el motivo de su existencia...



Un silencio absoluto siguió al final del aullido.  Por esas tierras existió jamás sonido igual y el terror invadió a todo ser vivo por ahí, callar para vivir.  Solo el silbar del viento era lo suficientemente valiente para encarar a la bestia, que de a poco daba final a su metamorfosis en esa detonación lunar.   Ahora arden sus músculos, irrigados por plasma abrasador, bombeado en torrentes furiosos por un corazón acelerado y poderoso. Estira las extremidades, el cuello, el torso.  Termina entonces el abominable auto-alumbramiento y el velo de los ojos se disipa.

Arranca en frenética carrera, grabando el suelo con sus potentes pisadas, dandole a la tierra el primer recuerdo de su existir; el piso se hunde o quiebra, los arbustos se abren con su aliento.   Sed-odio-furia, son los únicos conceptos que su recien nacida conciencia repiten en trance.   Un camión de carga es embestido por la bestia, destruido y doblado como caja de cartón, detenido y estallando entre arboles que comienzan a encenderse en un incidente que la bestia apenas nota.   Sigue hasta que le detiene el inmenso resplandor del océano de luces de la ciudad. 

El instinto predatorio le obliga a observar y segundo a segundo los recuerdos comienzan a llegar.  Entonces frunce el seño, saca la lengua y la hiere con los afilados dientes, se relame con su sangre, gruñe, ...bufa.  La noche de negros augurios es hoy. 

–La purga de carne será impiadosa– pensó.


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