lunes, 7 de marzo de 2016

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Esta llovizna de las 6 de la mañana, ha puesto nostalgico el momento, recordando mis caminatas a estas horas, cuando era bachiller.  Geniales eran esos trayectos, enfundado en botas vaqueras, blue jeans y chamarra de cuero.  Inicio de todos mis excesos.   La regla dice que uno se pierde ahí.   No yo. Yo perdí el rumbo a los 36.


Sin treguas, desde los 15, el abuso constante de este envoltorio de huesos y carne, pronto pasará su factura, recordandome que no soy invulnerable.

Trece canas en mi barba,  tal vez cinco en cada sien.  Me miraba en el espejo, después de la ducha y esa imagen me escupió. En algún momento debía suceder. 

Y aunque mi dieta nunca ha sido sana, y por mis arterias y venas, licores, alquitrán y aguas negras, rieguen una a una cada célula; mi aspecto no representa los inviernos a mis espaldas.  Los más descabellados me han calculado 28;  ¡bahh!, ojalá tuviera 38.  Será cosa de actitud o genética maligna.  No lo sé.  

Mi salida de las redes sociales no es casual, ésa extensión artificial, perfecta excusa para no llamar a nadie, para desear cumpleaños feliz con un mensaje con caritas sonrientes mientras recuerdas que no le hablabas por lo apestoso de su aliento,  donde mi gente expone lo miserable de su esencia, donde los hombres se miden la verga que ya no se alcanzan a ver y las mujeres los cirujanos.  Donde me enteraba de lo que no quería.  Basta,  los dejo. 

Me gusta recordar cómo era yo, como eran todos, los pocos reencuentros en los que he estado solo reafirman que tal vez no lo he pasado tan mal.   Y eso rompe el encanto de las nostalgias.  Miradas de vacíos y totales amarguras, adolecencias de cuarentones con carnes abultadas, cirugías, vidas frustradas, risas de añoranzas de un pasado simple, en donde sólo bastaba, ser, para sonreír.

Tal vez necesitaba este "volverlos a ver", para de nuevo tomar el impulso que tanta falta me hace y volver a "ser" lo que siempre fui. 

Estos meses he perdido demasiado y tantos sentimientos destructivos por el dolor me han llevado casi a la locura, a abandonarme a lo que suceda, a comportamientos silvestres y básicos que creía superados hace mucho, no es sencillo dejar ir, no es sencillo perder un abuelo y aunque aún me quedan 2 se que se irán pronto,  no es sencillo aceptar derrotas, no es sencillo el dolor de mi hija, no es sencillo "perder nivel" (como dice mi madre), no es sencilla una bancarrota y levantarse, no es sencillo perder el amor de tu vida, no es sencillo ver las cortinas de tus sueños, ésa inversión universitaria con 10 capas de polvo, no es sencillo, sobretodo si se es "yo", y sólo quien me conoce sabe eso.  Porque para mi, era imposible el "no puedo".

Y estos meses "no pude".  Acepto mi derrota, perdí.  Y aunque no fue la guerra,  la batalla perdí.

Olvidadome de mi.

Vuelvo hoy a buscarme, y se que me encontraré.

No quiero ser ellos, no quiero ser mis conocidos, mis amigos, en definitiva.  Y lo saben, aunque no tenga "feis".  Y mi moral levantó, al menos, "ser", en ese chocar de tragos el que todos y todas querían "ser".


2 comentarios:

  1. Nada mejor que buscarse para encontrarse, aunque se pierdan mil batallas... o más.

    Genial, Alejandro
    Un abrazo enorme!!

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  2. si hermano, la estupidez de d3jarse abandonar, o a lo mejir es más estúpido el bus arse a uno mismo, no sé, pero algo es seguro, un texto sublime

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