lunes, 25 de enero de 2016

Mi dulce presencia.



NIN - Hurt 

Los demás no tienen culpa de mi eterna amargura, de mi intolerancia, de mis sarcasmos,  de mi crueldad, indiferencia, de mi vanidad,  de mi soberbia,  de mi agresión pasiva, por lo menos no hoy.

En esencia,  pertenezco a los que están para ayudar a quien lo necesite.  Tengo la habilidad de ser confesor, tal vez pudiera haber sido un párroco o psiquiatra o psicólogo o devorador de pecados, profeta de alguna iglesia pedorra, pero no lo soy.  Vienen, me rodean,  me hablan, se abren y me revelan sus miserias,  todos los días, de todas partes,  viejos,  jóvenes,  hombres,  mujeres.  Mi hermana alguna vez me dijo que me ven con "una devoción que a cualquiera podría asustar".  Y en teoría debería dar una guía,  pero tampoco soy trabajador social,  ni orientador,  ni buen samaritano, ni buen cristiano.

Y podría cualquiera pensar que soy un bastardo infeliz por no hacerlo.  Que los ayude dios o el gobierno,  que vienen siendo la misma escoria.

Núnca pido ayuda,  ni pediré, me aguanto mis cagues y pago el costo.  Lo que tengo lo he ganado y tengo lo que merezco, que en ninguno de los conceptos es poco,  hasta mi basura se mide por tonelaje.  

Lo único que no tengo, es  felicidad y lo que la acompaña, ese es mi pago.  

Pocas cosas me hacen sonreir sinceramente,  muy pocas.  Espero no contaminarlas, en realidad lo deseo encima de todo,  hasta de mi.



Hoy estoy tan lleno de mierda,  que bien podría vivir en un intestino. 



2 comentarios:

  1. Una filosofía de "sálvese quien pueda" la de este visceral personaje.
    Muy crudo y muy bueno el escrito, Alejandro.
    Abrazo.

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  2. Última frase final maestra!! Que buen escrito y como dice Federico, muy visceral. Besoso!

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