LA BRASA
El grueso de las cortinas de aquella habitación, dejaba entrar solo un pequeño haz de luz. Javier, ahí encerrado, había perdido la noción del tiempo y no distinguía el ayer del hoy.
Las pesadillas habían vuelto y eso desquiciaba más su ya endeble cabeza. Huir y sólo huir. De sus temores y demonios, de la gente, del mundo entero.
No hasta hace poco creía en la justicia y la redención. Obsesivamente buscó definiciones por todas partes, memorizandolas, anotandolas en papel y paredes.
Hoy, derrotado y de rodillas, usando el suelo como lienzo y mierda como tinta escribió :
¿JUSTICIA? ¿REDENCIÓN?
... ... ... ...
La mirada del depredador es inconfundible, fría, y pocas veces la bestia la desecha, o sustituye y combina. Con una inmensa rabia y el infierno en el ceño y ojos, Jesús aguardaba paciente.
Conocía ya casi a la perfección el sitio. Lo descuidado y la peste del interior ya no le eran extraños. Observaba y analizaba, llevaba ya cuentas perfectas y no malgastaba energías, era inútil.
Utilizaba los tiempos muertos en repasar sus pendientes, y lo jodia el imaginar las mentadas y presión de su jefe una vez que volviera a verlo. El recuerdo de los tacos de tripa en la esquina de su casa hacia gruñir su estómago, tenía hambre.
Jesús miraba la miseria de Javier y sonreía. Tantas veces había hecho lo mismo que ya era un placer. Casi suelta una gran carcajada cuando le vio masticar cucarachas en uno de sus tantos delirios y sólo pensaba en la forma que acabaría con Javier.
—Vas a rogar que te mate— repetía Jesús para sí.
Jesús no despega la mirada a la cada minuto más desmejorada humanidad de Javier. Lo observa mirar el televisor. A lo lejos, la impecable imagen del locutor destaca en la pantalla, luce ofendido y manotea, la imagen cambia y el político del momento aparece con apariencia seria, desde un podio emitirá un discurso.
Javier sube el volumen, Jesús presta más atención y se lame los labios, espera una señal.
Desde el foro internacional, el político, con temple, con firmeza, agradece las muestras de apoyo a su pueblo y remarca que no hay cabida para la impunidad y delincuencia en su territorio y anuncia el despliegue de operativos dando caza sin cuartel a todo malandrin. Pide minutos de silencio por las víctimas y revela que la primer cabeza caerá hoy. Su sonrisa metrosexual, tan ensayada, hoy es sustuida por un rostro que emana dolor y el final de su lectura es aplaudida sólo por el gabinete que le acompaña.
Jesús marca una mueca de gozo, el fin tiene cuenta regresiva.
Javier se levanta del sillón y camina en dirección a Jesús; ...lo mira a los ojos con dolor.
Jesús acelera su pulso y respiración, lo tiene cerca, pero las cadenas y candados que lo aferran de cuerpo, pies y manos, le impiden moverse más de un centímetro de la silla de hierro que lo mantiene sentado. Quiere hacer gala de prepotencia, pero la cinta industrial cubre su boca y le rodea la cabeza. Espera una vez más el interrogatorio:
—¿Por qué mataste a mis hijos?, ¿Dónde los dejaste?, ¿Sabias sus nombres al menos?.
La respuesta de Jesús siempre fue la misma:
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! ¡Vete a la mierda, no lo sabrás núnca!.
Jesús con impaciencia espera el momento en que Javier arranque la cinta como siempre, pero el momento no sucede. Sólo está ahí frente a él.
A lo lejos se escuchan sirenas y Javier se asoma por la ventana. La noche revela destellos de luz. Sabe que van por él.
Voltea su sillón de cara a Jesús. Abre las ventanas, toma un recipiente con gasolina y lo esparce por todo el lugar, baña a Jesús.
Jesús cambia la mirada de odio rabia y prepotencia, intenta liberarse, pero sólo consigue embarrar más su trasero, no se ha levantado de ahí en tres días. Ahora entra en pánico y observa a Javier que regresa con cigarros y una navaja.
Javier se sienta y enciende un cigarro. Jesús transpira y observa a Javier fumar.
Javier retira la cinta de la cabeza de Jesús y éste pregunta:
—¿Cómo se llamaban tus hijos?, ¿Cómo te llamas tú?,
...¡¡SÓLO CUMPLO ÓRDENES!!.
...¡¡SÓLO CUMPLO ÓRDENES!!.
Dando una calada:
—...vete a la mierda, no lo sabrás núnca.
Javier levanta los ojos al techo. Corta su carótida, cierra los ojos y de a poco se desvanece.
Jesús vocifera, maldice y en vano quiere liberarse.
...el cigarro de brasa ardiente cae.
Nota:
La historia y nombres en este relato son ficticios.
Los medios, los paramilitares, militares y politicos, son los mismos en todo el mundo.
La historia y nombres en este relato son ficticios.
Los medios, los paramilitares, militares y politicos, son los mismos en todo el mundo.

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