miércoles, 3 de febrero de 2016

HERENCIA SOMBRIA

HERENCIA SOMBRIA

Low - Lullaby

https://youtu.be/E8Ekec42E98



—...¿Voy a morir?. 
—...No mi niña.


Contra todo pronóstico, Lucia estaba aquí,  derrumbando teorías,  aplastando con fuerza diagnósticos adversos, escapando de daños cerebrales, de sillas de ruedas, de secuelas que anunciaban un futuro tortuoso y vida condenada al eterno paso de su cuerpo por agujas, exámenes, análisis, rehabilitaciones.  Quería vivir.

—...me da miedo papito.  
—...shhhhh... cierra tus ojos. 
—¡¡¡...vienen por mi!!!.
—No mi amor,  aquí estoy,  no las dejaré.


El menudo y pequeño cuerpo de Lucia temblaba en los brazos de Ángel que besaba su cabeza y cerraba los ojos de impotencia y dolor.

—...¡ahí están papito!, ...las arañas. 
—... ... shhhhh,  aquí estoy mi amor.   No les temas, tu eres más grande. 
—¡...no papito,  son más grandes que yo!.  ¡¡...asustalas papi!!.
—...dime donde están, y mira como las atraviesa mi mano.


Ángel recuerda con claridad la primera vez que ella estaba recostada, con las blancas manos al aire, intentando cubrirse, miraba al techo y lloraba.  Concentrado absoluto de inocencia pura.  La seguridad de que no era posible la influencia de lo que fuera era completa,  aun así,  la piel encrespada y los pequeños lapsos que le estremecian el cuerpo, le daban esa mala espina y desde el marco de la puerta observaba con atención,  rogando equivocarse; —...es imposible,  es demasiado pronto— pensaba, mientras con sus manos sudorosas se aferraba a sus tensos brazos.

La pesadilla empezaba temprano, no había tinieblas, o puertas podridas,  suelos crujientes o leyendas urbanas, grandes habitaciones de techos altos o pasillos sin final.

—¡¡...ahí... en tu brazo...!!
—...mira, mira, mira como paso entre ellas,  ¿ves?.
—... vienen por mi papi, tengo miedo. 
—...no pasa nada mi vida,  estira tu mano, atraviesalas, destruyelas, eres más fuerte.


Cada grito era una lanzeta que atravesaba los huesos,  traspasaba el alma y desde dentro hacia temblar a Ángel, como si desgarrara cada parte de el con un rallador de metal, sentía que los huesos y músculos se separaraban al tiempo y duración del desesperado, agudo y aterrador alarido infantil de Lucia.

—...¿están solo en mi cabeza?.
—...si mi niña,  se valiente,  no las dejes ganar.  Aquí estoy yo, cierra los ojos y abrázame. 


—...¿también las ves?.
—...sólo tú y yo.








3 comentarios:

  1. Buenisimo Alejandro. El amor del padre tratando de protegerla hasta de lo que sólo existe en su mente. Esquizofrenia infantil? Posiblemente. Un besote!!

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  2. Desgarradora fobia... Muy bien secuenciada, Alejandro... Me has hecho verlas y sentirlas.

    Mil besitos.

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